La TV estadounidense y el trato a Donald Trump

Cuando el humor es tomado en serio se transforma en una poderosa herramienta, así lo entienden los estadounidenses. Así lo deja en evidencia esta columna vivencial de Pablo Laplace, director de la Escuela de Periodismo Campus Creativo UNAB.

La tibia tarde de Santa Mónica, en Estados Unidos, es interrumpida por un grupo de manifestantes anti-Trump que me solicitan mi firma para que el estado de California se separe de la unión. En mi mejor inglés les explico que sólo estoy de paso. Aprovechando la instancia, me empapo con los anticuerpos que genera el flamante Presidente. Definitivamente, las costas no lo quieren.

De vuelta en Woodland Hills me instalo frente al televisor a revisar los 600 canales que el operador de cable Spectrum ofrece en su parrilla y ahí está, de nuevo, el blondo Mandatario en tres señales diferentes. En la primera, un actor caracterizado con una peluca rubia lo imita, haciendo alusión al impopular proyecto del muro fronterizo con México. Una maquilladora entra en escena para retocar la frente y queda en evidencia que el bronceado perfecto es burdamente falso. Los gestos y ademanes son ridiculizados al máximo. Es un programa de humor.

En la segunda, aparece un académico experto en filología inglesa que, con parsimonia, analiza el pobre vocabulario del Presidente: la imagen de Trump inunda una pantalla gigante, su discurso es interrumpido palabra tras palabra, frase tras frase. Una pequeña afro-americana anota las falencias lingüísticas en un juego tipo “El Ahorcado”. Todos ríen, es humor.

El tercer canal es de deportes, pero también tienen a Donald como protagonista. En un Late Show, el invitado en el plató es un famoso basquetbolista que aparece grabado mientras disputaba un encuentro casual de baloncesto callejero con Mr. President. La escena se ralentiza y se ve, claramente, cómo el jugador accidentalmente le incrusta la pelota en pleno rostro su oponente. El conductor le pregunta: “¿Qué sentiste en ese momento, cuando golpeaste al Presidente?”. El deportista se toma su tiempo antes de responder: “sentí pena por el balón”, dijo. Las risas estallan en el estudio.

Cuando el humor es tomado en serio se transforma en una poderosa herramienta, así lo entienden los estadounidenses. El humor en la televisión es aún más potente por la innegable penetración del medio.

En el canal 720, una señal internacional está mostrando el Festival de Viña del Mar. Apagué la tele.

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